Formas de participación

LA COMPLICIDAD

COMPLICIDAD, FIGURA ACCESORIA DE LA AUTORÍA

En la comisión de un conducta punible pueden concursar dos tipos de personas, que pueden ser los autores y los partícipes (Art.28 Ley 599 de 2000).

De la definición más simple, entiéndase por autor a la persona que realiza la  conducta punible por sí mismo o utilizando a otro como instrumento para la comisión del reato.

Ahora a nivel de los partícipes dentro de la comisión del punible se encuentra el determinador y el cómplice, entendiéndose éste como la persona(s) que contribuye a la realización de la conducta antijurídica o presta una ayuda posterior, por concierto previo o concomitante a la misma.

La complicidad es una forma de participación en la conducta punible, caracterizada por la contribución dolosa que una persona puede prestar a otra mediante un aporte esencial en su fase ejecutiva, con actos precedentes, simultáneos e, incluso, posteriores a ella, a condición de que medie una promesa anterior determinada por un concierto previo o concomitante (artículo 30, inciso tercero, del Código Penal).

Se trata de una figura accesoria a la autoría, pues a diferencia de ésta el cómplice carece del dominio funcional de los hechos, limitando su intervención a facilitar la conducta del autor en la realización del hecho antijurídico. Su actuación, en consecuencia, se limita a favorecer un hecho ajeno.

De allí que debe ser objeto de demostración la clase de contribución prestada por el cómplice, la que puede ser de índole intelectual o psíquica o de orden físico o técnico, o de tipo material. Esta última podría darse en un ejemplo cuando, como ayuda previa, proporciona el arma de fuego empleada por el realizador de la conducta y, de otra parte, como auxilio posterior, en la facilitación del medio de transporte con el que el homicida aseguraron su retirada del lugar de los hechos.

Adicionalmente, para atribuir una conducta de complicidad, se requiere de la existencia de un vínculo o nexo de causalidad necesario entre la acción desplegada por quien fue acusado como cómplice y el resultado producido por la acción principal ejecutada por el autor ó coautores, lo que se traduce en la acreditación de que la persona haya contribuido elevando la posibilidad de producción del hecho antijurídico, esto es, la demostración de un riesgo adicional, relevante y atado a la causalidad, para el bien jurídico tutelado y el incremento de la oportunidad de éxito para los ejecutores[1].

Debe precisarse, además, que, de acuerdo al tenor del inciso tercero del artículo 30 del Código Penal, aunque no siempre se requiere coetaneidad con la realización de la conducta punible, en el evento de la ayuda posterior sí es indispensable que la contribución al hecho suponga un compromiso anterior o concomitante por parte del cooperador, aspecto que en este caso igualmente debió ser objeto de demostración.

[1]           En este sentido, CLAUS ROXIN, Derecho Penal, Parte General, Tomo II, Madrid, Civitas – Thomson Reuters, 2014, p. 287

Consultar Jurisprudencia:

CSJ, radicado 44940 de 2016 M.P Fernando Alberto Castro C.

CSJ, radicado 41758 de 2016 M.P Patricia Salazar Cuellar