Legítima Defensa

DE LA LEGÍTIMA DEFENSA

«Cuando un individuo saca un arma y se dirige hacia otro esgrimiéndola, con el evidente propósito de materializar el ataque, ya queda el atacado en condiciones de defensa legítima, y ya se ha producido a su respecto, la injusta agresión que exige la ley”

La Legítima Defensa, es un instituto jurídico, enmarcada dentro de una de las causales excluyentes de responsabilidad, de conformidad con el artículo 32 de la ley 599 de 2000, el cual consagra lo siguiente:

  “ARTICULO 32. AUSENCIA DE RESPONSABILIDAD. No habrá lugar a responsabilidad penal cuando: (…)

(…)

Se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa sea proporcionada a la agresión”.

Sobre dicho instituto, de la legítima defensa, clara y uniforme ha sido la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, en la Sala Penal[1], a determinar los elementos que la estructuran:

«i).- Una agresión ilegítima o antijurídica que ponga en peligro algún bien jurídico individual.

 ii).- El ataque al bien jurídico ha de ser actual o inminente, esto es, que se haya iniciado o sin duda alguna vaya a comenzar y que aún haya posibilidad de protegerlo.

iii).- La defensa ha de resultar necesaria para impedir que el ataque se haga efectivo.

 iv).- La entidad de la defensa debe ser proporcionada cualitativa y cuantitativamente, es decir, respecto de la respuesta y los medios utilizados.

 v).- La agresión no ha de ser intencional o provocada.»

En igual forma, frente a este instituto, la Doctrina considera que:

«Cuando un individuo saca un arma y se dirige hacia otro esgrimiéndola, con el evidente propósito de materializar el ataque, ya queda el atacado en condiciones de defensa legítima, y ya se ha producido a su respecto, la injusta agresión que exige la ley.

(…)

Un acto de esta naturaleza, constituye pues, una agresión. Y aun cuando el atacado no haya comenzado a sentir los efectos físicos del ataque, tiene el derecho a defenderse, y su defensa será justa. [2]»

De lo anterior se puede colegir que, la circunstancia de esgrimir un arma de fuego para intimidar a una persona y sobre esa base buscar doblegarla para hacerla víctima de una conducta punible, actualiza el ataque a que se refiere la eximente de responsabilidad, además, que ubica al sujeto que ejecuta ese comportamiento en situación de injusticia, y no permite considerar algo diferente al afectado (víctima) de hallarse frente a un acto violento, con la inminencia de materializarse desde el punto de vista físico, ante lo cual le es lícito reaccionar.

Empero, no es necesario un grado de materialización física, porque eso sería tanto como aceptar que quien se defiende tendría que dejarse herir por ejemplo y ahí sí repeler el ataque. Por eso basta la inminencia y en este evento con el solo hecho de esgrimir el arma, ya se está ante una agresión inminente que se puede concretar materialmente en desmedro de algún bien jurídico tutelado en cabeza de la víctima del ataque.

Aunado a lo  anterior, si el instrumento utilizado por el agresor no corresponde a un arma de fuego, sino a una imitación, tal circunstancia no desnaturaliza la legítima defensa, como quiera que no es dable exigir a quien reacciona que establezca primero la condición del arma con la cual se busca intimidarlo y dentro de ese contexto decida si ejecuta un acto de repulsa o no, toda vez que es claro que las circunstancias apremiantes del momento no son las apropiadas para llevar a cabo procesos de reflexión de esa índole.

Por eso, según lo ha sostenido la Corte Suprema de Justicia, el funcionario judicial, al abordar el estudio de la legítima defensa, está obligado a realizar una «verificación ex ante de lo ocurrido, para efectos de examinar el contexto especial que gobernó el caso concreto, pues, son precisamente esas circunstancias las que permiten apreciar si la reacción operó o no adecuada y proporcional al hecho» (Rad. 31273, 10/03/2010; Rad. 30794, 19/02/2009).

Es así, que a la par se examinan dos aspectos fundamentales como son: la necesidad de repeler el ataque y la proporcionalidad de defensa a la agresión.

Por ejemplo, ante un ataque que un individuo provisto de un arma de fuego acomete intempestivamente por la ventana de un vehículo, en contra de su conductor o de sus ocupantes, si se analiza el elemento relativo a la necesidad de la defensa, se hace necesario procurar neutralizar la inminencia de la concreción física o material de la agresión, a fín de evitar que se lesione algún bien jurídico tutelado en cabeza de la víctima del ataque; ante lo cual sería válido y razonable que ante dicha situación, el conductor, o alguno de sus ocupantes crea que su vida se encuentra en verdadero peligro y entonces es legítimo rechazar una acción de semejante envergadura, utilizando los mismos medios de la agresión, como lo sería con un arma de similar apariencia.

Ahora, frente al elemento de la proporcionalidad de la resistencia, para el mismo caso y bajo las mismas circunstancias en que se produjo la acción anterior, al ser utiliza por parte de uno de su ocupantes, un arma de fuego, se estaría acudiendo a un instrumento similar para repelerla, lo cual concreta esta exigencia de la figura de la legítima defensa. Claro que es conveniente precisar que la proporción no se determina exclusivamente por la correspondencia de los medios que se utilicen, pues habrá casos en que por ejemplo por la notoria inferioridad de una persona respecto de quien la agrede, aquella acuda a instrumentos que desde una óptica netamente objetiva no resulten similares o equivalentes a los que se utilizan en su contra.

Aunado a lo anterior, es menester valorar que la reacción a tal ataque no emerja exagerada; en el caso en comento, la víctima se limita a disparar una sola vez su arma de fuego para neutralizar a quien lo ponía en riesgo, por lo cual es dable aseverar que cuantitativa y cualitativamente existe la proporcionalidad que exige la causal de eximente de responsabilidad.

[1] AP1863-2017, SP2192-2015, AP1018-2014, Rad. 32598 del 6/12/2012; Rad. 11679 del 26/6/2002.

[2] Sisco, Luis P. La Defensa Justa. Librería “El Ateneo” Editorial. Buenos Aires, 1949.

 

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